En otro plano de realidad, hay un palacio triangular.
Tres torreones conectados por sus respectivas tres galerías, por las que no circulan personas. El paso solo está abierto a energías -benignas y malignas-, grandes flujos de información, amplios canales musicales y una emoción tan profunda e irrompible, como esas paredes de rocas invisibles y atávicas que la sostienen. Es la descripción más realista y acurada que se puede hacer de 1111 -pronunciado ‘mil-ciento-once’ en lenguaje humano-. Un núcleo duro del netcore y lo centennial, que no ha borrado las referencias a las corrientes del pasado.
En nuestro plano de la existencia, sin embargo, 1111 también se manifiesta y se leerían como una banda a tres. Un power trio, que toma el nombre de una fecha significativa para ellos, pero no se relajen, la historia de cada uno de sus miembros tiene tanta mitología como todo la anterior. El 3 de mayo de 2001, una mujer rompe aguas en el Teatro…