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Guía · Artistas que empiezan

Dónde subir tu música

Tienes la canción terminada y entras en Spotify buscando el botón de subir. No existe. Esto es lo que hay que hacer en su lugar, cuánto cuesta y el error de calendario que casi todo el mundo comete la primera vez.

Es la primera pared con la que choca todo el mundo: tienes la canción terminada, entras en Spotify buscando el botón de subir y no existe. No se te ha escapado nada — ese botón no está.

Por qué necesitas una distribuidora

Spotify, Apple Music, Amazon o YouTube Music no aceptan subidas directas de artistas. La música les entra a través de distribuidoras digitales, que hacen tres cosas:

  • Entregan tu canción a decenas de plataformas a la vez, cada una con sus requisitos técnicos.
  • Gestionan los metadatos: quién firma, quién compone, el código ISRC que identifica la grabación en todo el mundo.
  • Cobran y te reparten lo que genera cada reproducción.

Lo que no hacen —y conviene tenerlo claro antes de pagar— es promocionarte. Una distribuidora es una tubería, no un sello ni una agencia. Que tu canción esté en Spotify no significa que nadie la vaya a escuchar.

Cuánto cuesta: los dos modelos

Todas las opciones se reducen a dos formas de cobrarte, y elegir mal sale caro con los años.

Suscripción anual. Pagas una cuota al año y te quedas el 100% de lo que generes. Es el modelo de DistroKid y TuneCore, que rondan los 25 dólares anuales en sus planes básicos. Si dejas de pagar, tu música desaparece de las plataformas.

Pago único por lanzamiento. Pagas una vez por cada single o disco y se queda publicado, pero la distribuidora retiene un porcentaje de tus ingresos de forma indefinida. CD Baby cobra alrededor de diez dólares por single y se queda un 9%. Las opciones gratuitas, como el plan básico de RouteNote, retienen en torno al 15%.

La cuenta es sencilla: si publicas poco y generas poco, el pago único gana. Si publicas con regularidad, o si una canción se dispara, la suscripción se vuelve mucho más barata — un porcentaje sobre unos ingresos que crecen no deja de crecer nunca, y una cuota fija sí se queda quieta.

Los precios son de julio de 2026 y en dólares, que es como facturan. Cambian con frecuencia: compruébalos antes de contratar. DistroKid, sin ir más lejos, los subió este mismo año.

Cuál elegir según tu caso
  • Vas a sacar una o dos canciones al año. Pago único. No tiene sentido una cuota anual para dos lanzamientos.
  • Vas a publicar con regularidad. Suscripción. Sale a cuenta a partir del tercer o cuarto lanzamiento y no te come porcentaje si algo funciona.
  • Quieres probar sin gastar. Empieza en una opción gratuita, asumiendo la comisión, y múdate cuando haya ingresos que proteger.
  • Compones y quieres cobrar también como autor. Fíjate en si la distribuidora ofrece gestión editorial, porque los derechos de autor van por un camino distinto al del streaming. Lo vemos en otro artículo.

Cambiar de distribuidora más adelante es posible, pero es un incordio: hay que migrar sin perder los ISRC ni el historial del perfil. Merece la pena pensarlo diez minutos ahora.

Qué necesitas tener listo antes de subir
  1. El audio masterizado, en WAV. No subas un MP3: pierdes calidad de forma irreversible.
  2. La portada cuadrada, mínimo 3000 x 3000 px, sin logos de redes ni texto promocional. Las plataformas rechazan portadas con marcas de agua o publicidad.
  3. Los créditos completos: quién compone, quién produce, quién toca. Aquí se decide quién cobra después, y arreglarlo más tarde es un lío.
  4. El nombre artístico definitivo. Búscalo antes en Spotify: si ya existe otro igual, te vas a pasar la carrera compitiendo por tu propio nombre.
  5. La fecha de lanzamiento, a tres o cuatro semanas vista. Esto es lo que más gente se salta, y es lo más caro de saltarse.
El error que cuesta más caro: subirla para mañana

Puedes subir una canción y tenerla publicada en un par de días. Casi todo el mundo lo hace así la primera vez. Y es justo la forma de tirar a la basura la única oportunidad real de que Spotify te empuje.

Las playlists editoriales de Spotify —las que elige una persona, no el algoritmo— solo aceptan canciones antes de que salgan. El mínimo son 7 días de antelación, pero enviarlas con 14 días o más multiplica por dos las opciones de que las escuchen. Una vez publicada la canción, esa puerta se cierra para siempre: los envíos posteriores al lanzamiento ni se revisan.

Así que la secuencia correcta es: subir a la distribuidora con tres o cuatro semanas de margen, fijar la fecha a futuro, y usar ese margen para pitchear desde Spotify for Artists y avisar a tu gente.

Un apunte más: los viernes son el día. Las playlists de novedades, los ciclos del algoritmo y los calendarios editoriales funcionan en cadencia semanal de viernes.

Y SoundCloud, Bandcamp, YouTube

No compiten con la distribución: hacen otra cosa.

  • SoundCloud sigue siendo el mejor sitio para maquetas, versiones, remezclas y para mover cosas sin el corsé de un lanzamiento formal. Muchas escenas siguen viviendo ahí.
  • Bandcamp es donde mejor se vende directamente a tu público. El margen no se parece en nada al del streaming: quien te compra ahí deja mucho más que quien te escucha mil veces.
  • YouTube es el segundo buscador del mundo. Un vídeo en directo bien grabado trabaja para ti durante años, y además es lo primero que mira una agencia o un programador cuando le escribes.
Lo que el streaming no va a hacer por ti

Conviene decirlo con números: Spotify paga aproximadamente entre 0,003 y 0,005 euros por reproducción. Mil escuchas son unos tres o cuatro euros. Cien mil, unos trescientos.

Eso no significa que no merezca la pena — significa que el streaming es tu escaparate y tu carta de presentación, no tu sueldo. Es lo que mira quien programa una sala antes de darte fecha, y lo que mira una agencia antes de responderte. El dinero, para casi todos los artistas independientes, sigue estando en el directo.

Por eso el siguiente paso no es subir más canciones: es tocar.

Preguntas frecuentes

¿Puedo subir a Spotify sin distribuidora?
No. Spotify no acepta subidas directas de artistas; hay que pasar por una distribuidora.

¿Y si dejo de pagar la suscripción?
Tu música sale de las plataformas. Es la contrapartida del modelo de cuota, y conviene tenerlo presente antes de elegirlo.

¿Qué es el ISRC?
El código que identifica cada grabación en todo el mundo. Te lo asigna la distribuidora y es lo que permite rastrear y cobrar cada reproducción. Si algún día cambias de distribuidora, consérvalos.

¿Merece la pena pagar por promoción en playlists?
Desconfía de quien garantice reproducciones. Las escuchas compradas no dejan señales reales —guardados, escuchas repetidas, pocos saltos— que son justo lo que hace que el algoritmo te recomiende. En el mejor caso tiras el dinero; en el peor, la plataforma detecta el fraude.

Cuando toque salir del ordenador

Tener la música publicada es el principio. Lo siguiente es que suene en algún sitio: PressPass reúne las salas, festivales y agencias del circuito en español con el contacto directo de quien programa.

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